
Ahora que todos entramos en una nueva década, es probable que cada uno de nosotros haya trazado sus propios planes para los próximos meses, con sueños de estabilidad financiera, éxito, crecimiento y logros, ya sea simplemente para nosotros mismos o para nuestras familias. Aunque es bueno tener un propósito para el año que viene, es aún mejor respaldarlo con un plan viable.
La diferencia entre un deseo y un plan radica en el compromiso que uno tiene con cada uno de ellos, y si deseas ayudarte a ti mismo y a tu familia a lograr un mayor control sobre vuestras finanzas en los próximos meses, este mes de enero es la ocasión perfecta para empezar a trabajar en ese regalo de estabilidad financiera que quieres ofrecer a tus seres queridos.
Aunque sería fácil achacar la estabilidad financiera simplemente a «trabajar más» o «trabajar mejor», los ingresos son solo una parte de la ecuación. Para alcanzar la estabilidad financiera, es necesario definir qué se entiende por «estabilidad financiera» y trazar un plan realista para lograrla.
No hay una respuesta correcta. En el ámbito económico, la estabilidad financiera se define por la capacidad de absorber los desequilibrios financieros, es decir, disponer de un colchón suficiente para hacer frente a los malos tiempos y, al mismo tiempo, contar con los medios para generar un superávit sólido en épocas de bonanza.
Sin embargo, para las personas y las familias, la estabilidad financiera puede tener su propia definición, dependiendo de lo que se quiera conseguir, como ahorrar una cantidad concreta cada año de cara a la jubilación o, simplemente, salir de las deudas.
Las circunstancias varían enormemente de una familia a otra en todo el país, por no hablar del resto del mundo; así que, para empezar, tendrás que decidir cuáles deben ser tus criterios de estabilidad financiera para 2020. A partir de ahí, pasaremos al siguiente paso.
Lo primero que debes hacer este mes es sentarte y hacer un recuento de todos y cada uno de tus gastos anuales, desde:
Si aún no tienes un plan presupuestario completo, es buena idea que lo pongas por escrito hoy mismo. No hace falta que sea al pie de la letra: elabora un plan presupuestario que te ofrezca una visión general de lo que gastas al año para mantener tu estilo de vida actual, o el estilo de vida que aspiras a llevar en 2020.
Esto no solo te da una idea más concreta de cómo y dónde deberías ahorrar dinero, sino que también te ayuda a evitar que se cumpla la conocida «ley de Parkinson», que, aunque en un principio se aplicaba a las burocracias y al trabajo planificado, también es válida en lo que respecta al gasto.
En pocas palabras, cuanto más ganas, más gastas; pero con un plan presupuestario, podrás controlar mejor tus gastos. La clave no está en llevar una vida completamente austera, sino en anotar de forma realista y precisa cuánto te puedes permitir gastar cada semana, mes y año, y cuánto estás gastando.
Elabora un plan para el año y anota cada mes cuánto has tenido que gastar en todos los gastos que salen del presupuesto familiar, desde facturas y cuotas de suscripción hasta regalos y aperitivos. Con una visión general de la diferencia mensual entre tus ingresos y tus gastos, podrás calcular cuánto tiempo tendrías que ahorrar para alcanzar tu objetivo personal de estabilidad financiera.
No basta con ahorrar: hay que proteger esos ahorros. Las cuentas de jubilación, las cuentas de ahorro, los activos, los bonos y otros instrumentos financieros acaban perdiendo todo su sentido para ti cuando falleces; en ese momento, todo lo que posees representa una gran fortuna e innumerables oportunidades para tus seres queridos y familiares cercanos. Pero sigue estando en tus manos decidir cuál es la mejor forma de distribuir toda esa fortuna, siempre y cuando te hagas cargo de ello como es debido.
De lo contrario, si falleces sin dejar ninguna indicación sobre qué debe hacerse con tus bienes, todo pasará a manos de tus familiares más cercanos según las leyes de sucesión legítima de cada estado, que por lo general se basan en el parentesco consanguíneo. Fallecere sin dejar ninguna indicación clara sobre quién recibe qué puede dar lugar a disputas y discusiones, y provocar un proceso sucesorio largo y costoso, especialmente si la herencia es compleja y abarca activos en distintos estados y países.
Si tienes ahorros y una familia —aunque sea tan sencilla como una pareja y un hijo—, debes plantearte elaborar un plan sucesorio igualmente sencillo. La planificación sucesoria no es exclusiva de los ricos y las personas mayores, y puede beneficiar enormemente a los padres jóvenes al garantizar la creación de un fideicomiso adecuado para su hijo en caso de que fallecieran de forma inesperada.
Muchas cuentas, activos y fondos pueden transferirse directamente a un beneficiario o a un grupo de beneficiarios tras el fallecimiento, sin pasar por el proceso de sucesión. Un testamento te permite designar al tutor legal de tu hijo, mientras que las herramientas de planificación patrimonial, como un fideicomiso en vida, te permiten garantizar que tus hijos y seres queridos tengan acceso a tus ahorros cuando estén preparados para hacer uso de ellos.
De esta forma, puedes confiar el patrimonio de tu hijo a un amigo cercano o a un familiar, quien se encargará de administrarlo y hacerlo crecer hasta que tu hijo tenga la edad o la madurez suficientes para hacerse cargo de él, en lugar de que lo reciba al alcanzar la mayoría de edad, como ocurriría si no se estableciera ningún plan.
La estabilidad financiera es un gran objetivo para 2020, pero una mala planificación puede echarlo todo por tierra. Es importante planificar tanto el presente como el futuro. La planificación patrimonial puede ayudar a preservar el patrimonio, tanto en el caso de patrimonios modestos como de aquellos más grandes y complejos, y un simple testamento o fideicomiso no tiene por qué ser complicado ni excesivamente caro.
Garantiza tu tranquilidad y la de tu familia optando por proteger tus ahorros e inversiones y asegurándote de que se transfieran rápidamente a la siguiente generación.
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