
¿Sabes cómo proceder para legar tus bienes a tus seres queridos? Títulos de propiedad, beneficiarios, cuentas conjuntas, fideicomisos y testamentos: este es el mundo de la planificación patrimonial, un mundo en el que garantizar que tu patrimonio llegue a quien debe llegar se convierte en todo un arte.
Aunque pedirle a alguien que defina la titularidad de su propiedad pueda parecer una pregunta sencilla, en muchos casos puede resultar más complicado de lo que parece a primera vista.
Es posible que la gente olvide a quién nombró como beneficiario hace décadas, que no recuerde exactamente cómo está a nombre un inmueble o que no sepa si compró algo a su nombre o a nombre de su antigua empresa.
Cuando has acumulado una colección de acciones, bonos, cuentas, propiedades y demás, asegurarte de que todo quede en las manos adecuadas se convierte en una montaña de papeleo. La mayoría de la gente acaba optando por el testamento: redactan un testamento ante un par de personas de confianza que actúan como testigos, lo hacen efectivo tras su fallecimiento y cruzan los dedos.
«Hay que esperar lo mejor», porque los testamentos no son una forma muy fiable de garantizar que tu patrimonio llegue a quienes deseas que lo reciban. La sucesión es un asunto complicado, y los testamentos pueden falsificarse fácilmente; para evitar disputas o resolver impugnaciones, el tribunal sucesorio examina cada uno de los testamentos para determinar su legitimidad y entregar los bienes y activos del fallecido en el momento de su muerte.
Esto lleva tiempo y supone un gasto considerable en tasas. Por no mencionar que solo entra en vigor tras tu fallecimiento, lo que lo convierte en una opción muy poco recomendable para transferir un activo en vida. En su lugar, aquí tienes algunos aspectos que debes tener en cuenta sobre la transferencia de activos y la planificación sucesoria, si quieres maximizar lo que tus beneficiarios podrán conservar.
La planificación patrimonial no es una cuestión sencilla. Existen muchos escollos y errores habituales, ideas erróneas y confusión. A continuación, te presentamos algunos ejemplos destacados de lo que no debes hacer a la hora de transferir tus activos.
Pocas cosas resultan tan molestas para una familia como descubrir, tras tu fallecimiento, que habías designado a tu excónyuge como beneficiario de tus bienes, algo que olvidaste modificar. Es aconsejable revisar periódicamente quiénes figuran como beneficiarios en tus distintos activos, con el fin de evitar este tipo de complicaciones y problemas. Asegúrate de saber en todo momento quién:
• Figura como titular de tu propiedad.
• Sería el heredero si fallecieras hoy.
Un buen primer paso a la hora de pensar en el futuro de tus seres queridos en caso de que tú fallezcas prematuramente es asegurarte de que figuren como beneficiarios tal y como tú deseas.
Aunque es posible que puedas transferir gran parte de tu patrimonio mediante las opciones «POD» o «TOD» y la titularidad conjunta, un fideicomiso tiene sus ventajas. Es sencillo, en el sentido de que, en última instancia, todos tus activos pasan a estar a nombre de una sola entidad: el fideicomiso.
Te facilita la vida, en lugar de complicártela. Te permite disfrutar de largas y tranquilas noches de sueño. Garantiza que tus bienes estén bien gestionados, algo que otras herramientas de planificación patrimonial no pueden asegurar. Consulta con un abogado si quieres saber si un fideicomiso es la opción adecuada para ti.
Además de evitar la sucesión judicial, te permite transmitir tu mitad de una propiedad a alguien que no sea copropietario. Los fideicomisos también ofrecen ventajas fiscales, aunque estas suelen estar reservadas a las parejas casadas.
Hay muchos ejemplos de cómo hacer las cosas por cuenta propia de forma responsable. Puedes formalizar la venta de una vivienda, cambiar la titularidad de una propiedad, constituir y registrar una empresa ante notario, redactar un testamento y tramitar toda la documentación necesaria para un matrimonio civil. En general, si conoces los pasos a seguir, hay muchas cosas que puedes hacer sin necesidad de un abogado.
Sin embargo, la planificación patrimonial es algo que conviene realizar con alguien que se mueva con soltura en el ámbito fiscal y jurídico. Un error, un cálculo erróneo o un descuido pueden suponer un coste para usted y sus seres queridos durante muchos años; con un buen abogado, puede evitarlo.
Hay tres formas de gestionar tus bienes para que, tras tu fallecimiento, estos pasen a manos de quienes consideres más adecuados para heredarlos. Una de ellas consiste en configurar tus cuentas o propiedades como «pagaderas al fallecimiento» (POD) o «transferibles al fallecimiento» (TOD). Una cuenta POD se liquidará a tu fallecimiento y el importe se transferirá a la cuenta de la persona que designes como beneficiario. Por su parte, una propiedad TOD se transferirá a nombre del beneficiario que hayas elegido.
Un fideicomiso es otra opción, y puede que sea la mejor y más completa. Un fideicomiso te permite decidir cuándo y cómo se transferirá un activo tras tu fallecimiento y, con un poco de ayuda jurídica, es bastante fácil y sencillo de constituir. Debido a la forma en que se constituye, tampoco requiere pruebas adicionales, lo que te permite evitar la sucesión judicial.
Por último, existe la opción de la propiedad conjunta en el matrimonio. Ser copropietario de algo junto con otra persona (normalmente, aunque no siempre, tu cónyuge) implica que, tras tu fallecimiento, tu mitad del bien se transfiera a su nombre. Si deseas evitarlo, un fideicomiso te permitirá transferir tu parte del bien a otra persona. Esto es algo que no es posible, por ejemplo, con un testamento.
Si desea transferir un activo antes de fallecer, también dispone de varias opciones. Una de ellas es donar su propiedad, pero existe un límite en cuanto al importe de la donación que puede realizar, ya que podría estar sujeta a un impuesto federal. Otra opción para propiedades de mayor valor —como los inmuebles— es vender su casa a su valor total de mercado con una hipoteca, estructurada de tal manera que, en la práctica, usted no reciba ningún pago.
De este modo, tus hijos quedarían en deuda contigo, pero puedes condonar esa deuda en tu testamento. Para hacerlo correctamente y de la forma que mejor evite costes adicionales, será necesario analizar a fondo los detalles concretos: la propiedad, los beneficiarios y todos los pormenores relacionados con la posible venta.
La planificación patrimonial puede resultar muy complicada. O, por el contrario, puede ser bastante sencilla y clara. A menudo, esto depende de la calidad de la ayuda con la que cuentes.
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