
A la hora de elaborar un plan sucesorio, es importante preguntarse quién se encargará de llevarlo a cabo en la práctica. Los representantes personales y los fideicomisarios, aunque a veces se confunden entre sí, desempeñan dos funciones muy distintas que revisten una importancia crucial en el proceso de planificación sucesoria. Si bien ambos tienen un deber fiduciario para con usted y sus beneficiarios, se encargan de supervisar dos aspectos muy diferentes.
Un representante personal velará por sus deseos e intereses ante el tribunal sucesorio de su condado. Por su parte, un fideicomisario es el administrador de uno de sus fideicomisos en vida.
Los representantes personales se encargarán de supervisar la distribución de su patrimonio tras su fallecimiento, con o sin las instrucciones de un testamento, mientras que un fideicomisario gestiona un fideicomiso hasta que llegue el momento de distribuir su contenido y disolverlo, ya sea poco después de su fallecimiento o varios años más tarde.
Una cosa es redactar y formalizar el plan de distribución y sucesión que uno tiene en mente, y otra muy distinta es llevarlo a cabo y ocuparse de todos los aspectos logísticos que conlleva, desde contratar a los tasadores adecuados hasta gestionar y llevar un control de todos los elementos del patrimonio, comunicarse tanto con los acreedores como con los beneficiarios, presentar la documentación pertinente ante las autoridades estatales y mucho, mucho más.
Debes elegir a alguien en quien confíes para que te represente y vele por tus intereses tras tu fallecimiento. Esa persona se convertirá en tu representante personal o en el albacea de tu sucesión.
La primera tarea del representante personal es iniciar el proceso sucesorio. Podrá presentar una solicitud de sucesión tan pronto como el certificado de defunción sea oficial, llevando así el caso ante el tribunal sucesorio. Un juez revisará tu testamento, si lo has dejado, y nombrará a un albacea para tu patrimonio (el representante personal que hayas elegido).
Nadie está obligado a aceptar el cargo de representante personal. Cualquier persona que elijas puede rechazar el cargo. Es importante no imponer esta tarea a un ser querido de improviso, sino prepararlo para ello y asegurarte de que está de acuerdo en asumirla. Seguramente no querrás que tu último regalo para alguien a quien quieres y en quien confías profundamente consista en una serie de trámites administrativos difíciles y frustrantes para los que no esté preparado tras tu fallecimiento.
Un fideicomisario es una de las tres partes implicadas en la constitución y la gestión de un fideicomiso, junto con el fideicomitente (el constituyente) y los beneficiarios del fideicomiso. Dependiendo de cómo se haya constituido el fideicomiso, el fideicomisario se encarga de gestionarlo tras el fallecimiento del fideicomitente o desde el momento de su constitución.
En resumen, un fideicomiso es una entidad jurídica definida por un documento constitutivo y dotada de los activos que el fideicomitente le transfiere.
Los fideicomisos están técnicamente separados de su fideicomitente, y el grado de separación varía entre los fideicomisos con fideicomisario (que pueden modificarse y presentan un grado de separación menor) y los fideicomisos irrevocables (que no pueden modificarse y ofrecen un grado de separación mucho mayor).
A diferencia de un representante personal, la función del fideicomisario comienza en el momento en que se constituye el fideicomiso. El objetivo de un fideicomiso suele ser reducir el valor del patrimonio mediante la transferencia de determinados activos fuera del patrimonio del otorgante, o bien reservar fondos para un beneficiario. Los fideicomisos también pueden utilizarse para reducir la carga fiscal, eliminar los impuestos sobre las ganancias de capital y minimizar el impacto fiscal del pago de un seguro de vida.
A diferencia de un testamento, que establece cómo se legarán los bienes tras el fallecimiento, un fideicomiso puede empezar a realizar pagos a sus beneficiarios de forma inmediata. Por ello, las funciones del fideicomisario varían en función de la finalidad del fideicomiso.
A algunos fideicomisarios se les puede pedir que gestionen los activos del fideicomiso y los leguen en el momento oportuno, mientras que otros fideicomisos se crean para generar ingresos a través de inversiones o propiedades en alquiler y realizar pagos mensuales o anuales a sus beneficiarios. Algunos fideicomisos se liquidan y disuelven tras el fallecimiento, mientras que otros solo se liquidan una vez que se cumplen determinadas condiciones tras el fallecimiento del otorgante.
Aunque los representantes personales y los administradores fiduciarios desempeñan funciones muy diferentes, lo ideal es que ambos sean del mismo perfil: personas fiables y de confianza, preferiblemente con experiencia o conocimientos en contabilidad y gestión de activos.
También puedes optar por contratar a un tercero para que actúe como tu fideicomisario o representante personal, en lugar de pedirle a alguien de la familia que desempeñe esa función. Se puede contratar a abogados o contables públicos para que actúen como fideicomisarios o representantes personales. Incluso puedes designar a un banco como tu fideicomisario si deseas que sea alguien imparcial.
Si eliges a alguien a quien quizá no conozcas personalmente, ten en cuenta que seguirá teniendo la obligación fiduciaria de representarte a ti y a tus deseos lo mejor que pueda. Esto significa que, si defrauda a tu patrimonio, gestiona mal tu dinero o se lo queda, por lo general será responsable y podría ser procesado. Considera la posibilidad de repasar los detalles con tu abogado para asegurarte de que tu patrimonio esté protegido frente a posibles malversaciones.
Como parte de su planificación sucesoria, es importante que hable sobre el proceso de sucesión con el representante personal que haya elegido, sobre todo si no es un abogado ni una persona con conocimientos profundos sobre la legislación en materia de planificación sucesoria.
Explíqueles los pasos básicos del proceso de sucesión, entre los que se incluyen:
Es importante tener en cuenta que pueden surgir muchos problemas a la hora de elaborar tu plan sucesorio. Siempre es recomendable contar con un profesional que lo revise o, mejor aún, trabajar desde el principio con un especialista en planificación sucesoria.
Incluso un simple error administrativo puede acabar costándole a su patrimonio miles de dólares y hacer que pierda un sinfín de horas valiosas en trámites burocráticos. Hacerlo bien desde el principio le ayudará a garantizar que su patrimonio se distribuya tal y como usted desea.
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