
La muerte de un progenitor puede ser uno de los momentos más traumáticos en la vida de una persona, tanto si ocurre durante la infancia como en la edad adulta. Puede producirse de forma repentina o tras una larga enfermedad, incluso cuando el progenitor ya no recuerda quién es su hijo. La complejidad de las relaciones entre padres e hijos también puede influir en este momento emocional: además del duelo, el hijo puede sentir abandono, miedo, ira e incluso alivio. Cuando fallece un progenitor, puede ser necesario pasar por un proceso emocional de años, además de la avalancha de cuestiones legales que a menudo deja a su paso. La avalancha de papeleo a la que te vas a enfrentar puede resultar abrumadora.
Este momento difícil y estresante puede resultar más llevadero si se planifica con antelación el futuro. Hablar con tu madre o tu padre mientras goza de buena salud y lucidez mental es una buena forma de iniciar el proceso y conocer sus deseos. Aunque la conversación puede resultar dolorosa, es necesaria y, a menudo, muy esclarecedora. Contar con la ayuda de un profesional del derecho en este proceso suele ser útil: un abogado puede actuar como parte imparcial y responder a las preguntas tanto de los padres como de los hijos.
Contar con representación legal también puede resultar tranquilizador cuando fallece uno de los padres, sobre todo si este no ha dejado ningún tipo de disposición final. Intentar lidiar en solitario con los detalles y tomar decisiones importantes mientras se supera el impacto y el dolor recientes puede agravar aún más una situación ya de por sí difícil. Independientemente del grado de planificación sucesoria que se haya llevado a cabo antes del fallecimiento de uno de los padres, puede resultar útil disponer de una lista de medidas que le sirva de guía en estos momentos difíciles.
Si es posible, guarda los objetos de valor sentimental y material en otro lugar. Por morboso e inhumano que pueda parecer, a veces los ladrones se fijan en familias que han sufrido una pérdida. Hay personas sin escrúpulos que revisan los obituarios de los periódicos o merodean por las iglesias y lugares de culto locales para averiguar los nombres de las personas fallecidas.
Algunos ladrones irrumpen físicamente en las viviendas, apostando a que la casa esté vacía o a que los familiares más cercanos se hayan ausentado para ocuparse de los preparativos. Esperan que, en medio del torbellino de dolor y ajetreo, los familiares se hayan olvidado de cerrar con llave las puertas, cerrar las ventanas o activar las alarmas. A continuación, los ladrones saquean la casa en busca de objetos de valor, partiendo de la idea de que algunos familiares que han llegado de fuera de la ciudad quizá ni siquiera se den cuenta de lo que falta. Otros se llevan coches, barcos o incluso equipos de movilidad.
Aunque para cancelar algunos servicios de suscripción se necesita un certificado de defunción, hay algunas medidas que se pueden tomar de inmediato. Para que la vivienda siga pareciendo habitada y bien cuidada, lo mejor es solicitar la suspensión temporal del servicio de correo y ponerse en contacto con los departamentos de suscripción de periódicos y revistas. Pide a vecinos de confianza o a amigos y familiares que vivan cerca que recojan los envíos o te avisen cuando los reciban. Además, pueden avisarte si observan alguna actividad inusual en la vivienda.
Otros delincuentes se especializan en el robo de identidad. Es importante reunir documentos tan importantes y valiosos como pasaportes, permisos de conducir, tarjetas de la Seguridad Social y certificados de nacimiento. Lo mejor es guardarlos en una caja de seguridad para mantenerlos a salvo. Si tus padres utilizaban Internet con frecuencia, asegúrate de eliminar las contraseñas escritas y de guardar en otro lugar los dispositivos, como ordenadores y teléfonos móviles. Los ladrones podrían utilizarlos para acceder a cuentas bancarias o de inversión.
Es difícil pensar en esos detalles que simbolizan el carácter definitivo de la muerte de tus padres, pero los herederos deben disponer no solo de una, sino de varias copias del certificado de defunción. Para cerrar cuentas bancarias, cobrar las prestaciones del seguro, informar a los organismos de prestaciones federales y estatales, negociar con los acreedores o incluso rescindir un contrato de datos de telefonía móvil, se requiere un certificado de defunción oficial. Dado que no suelen devolverse, o que su devolución puede tardar varias semanas, es mejor tener más de una a mano. Los expertos sugieren tener al menos diez para cubrir las necesidades más inmediatas.
No basta con pasar el original por la fotocopiadora o escanearlo. Las copias deben estar certificadas, lo que significa que deben llevar el sello oficial del organismo público que las haya expedido. Dependiendo de dónde vivas, puedes obtener copias en alguna de las siguientes agencias: la oficina del registro civil, el departamento de salud pública o la oficina del secretario municipal. Estas copias certificadas deben guardarse a su vez en un lugar seguro junto con otros documentos importantes de tus padres, como el testamento, las pólizas de seguro de vida y los certificados de acciones.
Aunque reunir tan solo los documentos mencionados hasta ahora pueda parecer agotador, aún hay más que tener a mano. Estos trámites suelen estar relacionados con la ejecución del testamento de tus padres.
La gestión de la herencia de tus padres puede llevar semanas o meses. Una buena planificación previa puede acortar el tiempo que se tarda en distribuir los bienes de tus padres. Sin embargo, aunque toda la documentación esté en regla, el testamento sea válido, el funeral esté pagado por adelantado y el seguro esté al día, a menudo es necesario cumplir varios requisitos legales antes de cerrar definitivamente el asunto. Por ejemplo, si tus padres querían que se vendiera una propiedad y que los ingresos se repartieran entre los miembros de la familia, hay que localizar las escrituras, ponerse en contacto con un agente inmobiliario y realizar tasaciones. Todo esto requiere tiempo, papeleo y paciencia.
Entre los documentos importantes que hay que reunir se incluyen las declaraciones de la renta de los dos últimos años. Si bien es obvio que hay que localizar y tramitar las pólizas de seguro de vida, también es imprescindible encontrar los extractos y la información de contacto relativos a los seguros de hogar y de automóvil, ya que estas pólizas deben cancelarse lo antes posible para evitar tener que pagar por una cobertura que ya no se utiliza.
También conviene localizar las cuentas de inversión. Esto incluye cuentas de jubilación como los planes 401k y las pensiones. Asimismo, deben localizarse los fondos de inversión, las acciones, las cuentas IRA y los certificados de depósito, sobre todo si se mencionan en el testamento. Si aún queda una hipoteca pendiente de pago, debe ponerse en contacto con la entidad crediticia para informarle del cambio de titularidad.
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