
En estos tiempos modernos, solemos preocuparnos por los activos financieros que dejaremos a nuestros hijos y nietos cuando fallezcamos. El hecho de que más del 60 % de los millennials —la generación nacida, en general, entre los años 1981 y 1996— afirmen esperar una herencia de sus padres, no hace más que aumentar esta presión.
Son muchos los factores que hacen poco probable que se cumpla esta expectativa. Con el aumento del coste de la vida alcanzando máximos históricos, la mayor parte de nuestros ingresos se destina a salir adelante. Un informe reciente ha revelado que casi el 80 % de los trabajadores de Estados Unidos viven al día, por lo que les queda muy poco para la planificación patrimonial. Además, como sociedad,vivimos más tiempo. Esto significa que los ahorros, los fondos de jubilación y de la seguridad social que hemos logrado acumular deben repartirse a lo largo de cada vez más años. Quedará menos en el fondo cuando lleguemos a dejarlo en herencia.
Para quienes nos encontramos en esta situación, existe una alternativa a la preocupación. Podemos empezar, hoy mismo, a dejar de pensar en lo que no tenemos —y en lo que no podemos hacer— para centrarnos en lo que sí tenemos y en lo que sí podemos hacer. Un cambio de perspectiva puede aportar un alivio muy necesario a nuestras preocupaciones sobre cómo dejar un legado. A continuación, te ofrecemos algunas sugerencias que puedes poner en práctica en tu búsqueda de la paz interior al enfrentarte a estas inquietudes.
A la mayoría de nosotros nos suena la canción popular«Cats in the Cradle». La letra ofrece una visión desgarradora de la vida de un hombre que pensaba que sus hijos sabrían valorar el legado de su arduo trabajo. En cambio, descubrió que una vida dedicada a ganar todo el dinero posible solo le había llevado a la soledad y al aislamiento.
Tómate un tiempo para pensar en aquello por lo que te gustaría que te recordaran y por qué. ¿Has proporcionado a tu familia una educación que tus antepasados no tuvieron la oportunidad de recibir? ¿Has enseñado a tus hijos el valor de la honestidad o cómo ser compasivos con los demás? Plantéate escribir tu propio elogio fúnebre, como una forma de asegurarte de que se destaquen estos logros. Si no te atrae la idea de alardear de ello, busca a un ser querido que pueda escribir estas contribuciones duraderas y recitarlas en tu funeral. Participar activamente en la elaboración de tu elogio fúnebre es una forma de dejar este mundo con la seguridad de que tus seres queridos saben qué era lo que tú considerabas importante.
Cada vez que cumplía años, cuando era niño, mi abuela me enviaba un billete de 5 dólares. Aunque era muy pequeño, sabía que mis abuelos vivían en la pobreza. Mi abuela trabajó sin descanso tras la muerte de mi abuelo, incluso después de haber sufrido ella misma un derrame cerebral debilitante. Era la única forma en que podía mantener un techo sobre su cabeza y comida en la mesa. Saber esto hacía que ese regalo de cumpleaños de cinco dólares pareciera una fortuna. Ella estabasacrificando con cariñosu dinero para el ocio —o tal vez incluso su ración de proteínas de la semana— para asegurarse de que yo supiera lo importante que era para ella.
La idea que subyace a este sentimiento ilustra el concepto mencionado anteriormente de centrarse en lo que perdura. A menudo, lo importante no escuántodamos, sinocómo lodamos. Tomarse el tiempo para decidir qué pequeños detalles de afecto serán los más significativos para determinados miembros de la familia puede sustituir a los fríos cálculos de los porcentajes de distribución económica. ¿Tienes una nieta que siempre ha admirado tu bisutería? ¿O un sobrino que comparte tu pasión por la jardinería? Una pieza elegida con esmero, o un objeto personal seleccionado con cuidado, puede significar más que el dinero cuando se transmite de forma sentimental. Añadir un memorándum de bienes personales a su testamento es todo lo que hace falta para asegurarse de que sus pertenencias más preciadas vayan a parar a manos de quienes las apreciarán.
Para aquellos de nosotros que estamos en condiciones de aumentar nuestro patrimonio financiero, aún estamos a tiempo de actuar con iniciativa. La edad recomendada a la que deberíamos empezar a trazar planes concretos para nuestro fallecimiento es los 55 años. Esta franja de edad implica que, para muchos, los hijos ya han abandonado el nido. Con la perspectiva de varios años productivos de vida laboral aún por delante, existe una amplia oportunidad de destinar el dinero ahorrado en la crianza de los hijos a aumentar sus fondos de inversión .
Aprovecha siempre los programas de la empresa que ofrecen aportaciones equivalentes a los planes de jubilación, ya que son, en mayor o menor medida, fuentes de dinero gratis. También puedes aprovechar el proceso de , mediante el cual se aumenta el límite de la cantidad de aportaciones que se pueden realizar durante un año determinado. Una vez que te hayas asegurado de que tendrás suficiente para vivir durante tu jubilación, puedes calcular cuánto es probable que quede tras tu fallecimiento y tramitar los documentos necesarios para garantizar que tus beneficiarios reciban las distribuciones correspondientes.
Un plan de ahorro para la universidad es otra forma valiosa de asegurarte de que te recuerden las generaciones venideras. Para los abuelos, las pequeñas aportaciones realizadas mientras el niño crece pueden suponer un buen colchón para financiar su educación cuando alcance la mayoría de edad. Puedes utilizar una calculadora de planificación de la matrícula para determinar cuánto ayudarán tus aportaciones, incluso después de tu fallecimiento. Aunque tu legado no cubra el coste total de su educación, seguro que nadie se quejará de recibir esa ayuda inesperada.
Aunque muchas personas optan por establecer las condiciones en las quese distribuirán sus bienestrassufallecimiento, también existe la posibilidad de transmitir nuestro patrimonioen vida. Hacer balance de lo que consideramos valioso —y de lo que otros considerarán valioso— puede ser una experiencia terapéutica. Además, compartir la experiencia de transmitir nuestros bienes crea las condiciones para interactuar con nuestros seres queridos mientras seguimos siendo un legadovivo.
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