
Los litigios sucesorios pueden suponer una tarea titánica. Preparar la documentación necesaria y llevar a cabo la planificación en sí no es moco de pavo.
Planificar la sucesión patrimonial puede ser una tarea enorme y engorrosa. No es moco de pavo preparar la documentación necesaria, certificar todo ante notario y modificar todos los documentos de titularidad pertinentes, por no hablar de la planificación en sí.
Independientemente de si se trata de un asunto grande o pequeño, decidir quién recibe qué, cuándo lo recibe y cómo debe gestionarse hasta que lo reciba requiere tanto tiempo como una gran experiencia. Cada estado tiene sus propias particularidades. Esto puede abarcar desde tener en cuenta cómo se reparten los bienes en el matrimonio hasta comprender las sutiles diferencias en las leyes sucesorias de cada estado.
Pero, de entre todos estos retos preparatorios, uno de los problemas más gravosos a los que puede enfrentarse una sucesión es el litigio familiar. Cuando los miembros de la familia empiezan a atacarse mutuamente verbal y legalmente por el juicio y la toma de decisiones de un ser querido fallecido, una dinámica familiar tensa puede convertirse rápidamente en un daño irreparable para el legado familiar y en fuertes golpes económicos para el resto del patrimonio.
Son muchos los factores que pueden llevar a que una sucesión sea objeto de un litigio. Entre ellos se incluyen familiares envidiosos o desorientados, un albacea con falta de criterio o de habilidades comunicativas, un plan sucesorio incompleto o contradictorio, rivalidades entre hermanos que resurgen a raíz de antiguas reliquias familiares y propiedades en disputa, y tensiones familiares que alcanzan su punto álgido con una decisión controvertida tomada en nombre del difunto.
No es de extrañar que la herencia ocupe un lugar tan destacado tanto en los dramas míticos como en el cine moderno. Para los difuntos acaudalados y sus herederos, hay mucho en juego, lo que da lugar a un gran espectáculo. Pero, más allá de la pura ficción, hay más que una pizca de verdad en el dolor y la acritud que desatan un plan mal elaborado y los litigios sucesorios que de él se derivan.
El primer y más importante consejo es contar con un plan sucesorio completo, y no necesariamente uno que consista únicamente en varios documentos inconexos y fragmentados.
Redacta el plan en un documento independiente. Asegúrate de que todos los familiares y representantes encargados de leerlo y llevarlo a cabo en el futuro dispongan de toda la información necesaria para interpretar correctamente tus deseos.
Una cosa es tener un plan y otra muy distinta es ponerlo en práctica. Contar con documentos de planificación patrimonial redactados correctamente y revisados a fondo es otro paso importante que algunos suelen pasar por alto.
Un borrador inicial de un testamento «hazlo tú mismo» o fideicomiso rara vez es la opción ideal para quien elabora su propio plan sucesorio, pero incluso si te has tomado la molestia de releer y revisar tu plan a lo largo de varios años, no está de más contar también con la opinión de un profesional.
Si actualizas una parte del plan, asegúrate de que el resto del plan siga siendo coherente. Al igual que cuando se cambia un solo ingrediente en una receta, hay ocasiones en las que es necesario realizar otros ajustes para compensar; por ejemplo, incluir en tu fideicomiso en vida un activo al que ya le has asignado un beneficiario puede enviar señales contradictorias.
Este paso es especialmente importante para los fideicomisarios y albaceas. Se trata, sin duda, de funciones distintas que abordan aspectos concretos de una sucesión. Quienes se encarguen de desempeñarlas deben tener una visión global de la situación.
Es muy parecido a cómo los músicos de una orquesta deben tocar su parte, pero también deben comprender cómo encaja esta en la orquestación en su conjunto. El testador desempeña el papel de director de orquesta, pero sigue dependiendo de cada intérprete que trabajen juntos de forma cohesionada, especialmente los fideicomisarios, que a menudo gozan de mucha mayor flexibilidad a la hora de gestionar los activos de un fideicomiso a largo plazo.
A la hora de planificar la sucesión, hay que tener en cuenta cómo cada documento y herramienta encaja en un plan global, y cómo todas estas piezas se combinan para hacer realidad tus deseos.
Pero antes de empezar a planificar, es importante tener en cuenta cómo esos deseos afectarían a tus seres queridos. Si las relaciones familiares son tensas y complicadas, es importante que, al menos, te plantees hablar con ellos antes de elaborar el plan. Normalmente, esto es mejor que mantener a todo el mundo en la ignorancia sobre cómo piensas repartir el patrimonio.
Otra de las formas en que los administradores y los fiduciarios pueden protegerse a sí mismos y a la herencia frente a litigios innecesarios es tener en cuenta toda la información que han recopilado a lo largo del tiempo para identificar los activos y las acciones objeto de controversia y obtener la aprobación de los beneficiarios del patrimonio para cualquier venta o gestión de dichos activos y acciones.
Si, por ejemplo, quieres evitar complicar las cosas vendiendo sin querer una reliquia familiar o vendiendo acciones para diversificar una cartera poco diversificada y proteger (e incluso hacer crecer) el patrimonio de una manera segura y conservadora, podrías redactar una solicitud para que la firmen los beneficiarios implicados, en la que aprueben o rechacen la medida, evitando así que surja un conflicto antes incluso de que se produzca.
Recuerda que tu principal obligación es velar por los intereses de la herencia y los beneficiarios.
Este paso es, sin duda, el más importante de todos. Existen numerosos instrumentos, cláusulas y documentos fiduciarios que permiten a los otorgantes de fideicomisos evitar complicaciones y malentendidos innecesarios, informar de manera competente y exhaustiva tanto a sus fideicomisarios o albaceas como a los beneficiarios, y ofrecer garantías para evitar conflictos de intereses entre los distintos beneficiarios, como los beneficiarios de los ingresos del fideicomiso y los beneficiarios del remanente o del capital de un fideicomiso en vida.
Si le preocupa que en el futuro surjan malentendidos y recelos entre los miembros de su familia, es importante que tome todas las medidas posibles para dejar por escrito sus deseos y asegurarse de que su opinión sobre los asuntos relacionados con su patrimonio se escuche alto y claro. Tus representantes deben contar con todas las opciones disponibles para defender cómo planeas distribuir tu patrimonio, y debes comunicar a tu familia cómo piensas legar lo que posees, así como si deseas que la fortuna familiar crezca de forma conservadora a lo largo de las generaciones o que se destine a que cada beneficiario persiga sus propios sueños y prosperidad.

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