Es imposible predecir cómo terminarán nuestras vidas, pero una planificación cuidadosa puede garantizar que siempre haya un plan preparado, pase lo que pase. Aunque esto pueda parecer excesivo, la mayoría de los estadounidenses coinciden en que es importante planificar los cuidados al final de la vida.
Sin embargo, son pocos los que dan el paso necesario para elaborar un plan desde el principio. Planificar los cuidados al final de la vida no tiene por qué ser complicado ni costoso, pero puede resultar difícil de afrontar desde el punto de vista emocional.
Muchos se obsesionan con la idea de que redactarán unas posibles instrucciones anticipadas cuando sientan que se acerca su hora, pero ninguno de nosotros puede determinar con exactitud cuándo llegará ese momento. Es importante recordar que, aunque se trata de documentos importantes, pueden modificarse, reescribirse, sustituirse o alterarse.
Tus decisiones sobre los cuidados al final de la vida deben reflejar tus creencias, valores y prioridades actuales: si hoy entraras en coma, ¿qué querrías que hiciera tu familia? ¿Qué medidas extraordinarias permitirías y cuáles descartarías? ¿Quién debería decidir por ti sobre tu bienestar?
Nunca hay un momento en el que queramos que nos respondan a estas preguntas. Pero no se puede subestimar su importancia.
Con la llegada del Día de Acción de Gracias, nos acercamos rápidamente a la época perfecta del año para reflexionar sobre lo que más nos importa y para reconocer con gratitud el amor y el respeto que nos han brindado nuestros seres queridos a lo largo de los años. ¿Por qué no dedicar un momento a plantearse la posibilidad de elaborar un plan sucesorio y unas instrucciones anticipadas, de modo que, si llegara a ocurrir algo, puedas partir con gratitud y dignidad?
Las instrucciones anticipadas son documentos escritos que recogen tus deseos en relación con determinadas decisiones sanitarias y los cuidados paliativos. Estos documentos pretenden plasmar tus deseos de la forma más precisa y exhaustiva posible, para que el personal médico y tu familia puedan saber qué habrías decidido hacer en una situación concreta.
Un documento de voluntades anticipadas permite a tu familia saber qué harías si, en algún momento, no pudieras tomar esa decisión por ti mismo. Es importante que expongas de la forma más clara y precisa posible tus principios, deseos y preocupaciones, con el fin de proporcionarles un marco de referencia para tomar decisiones cruciales sobre tu atención médica.
Esto se debe a que verse obligado a tomar decisiones cruciales sobre la salud de un ser querido sin saber qué habría querido él o ella es casi tan angustioso como perder todo lo que uno posee; aunque siempre resulta tremendamente angustioso ver cómo un ser querido podría fallecer y tener que lidiar con su incapacidad, hay una gran diferencia entre no saber nunca qué habría querido y contar con un documento claro, escrito y firmado.
Sin embargo, es imposible prever todas las situaciones y circunstancias posibles. Es en estos casos cuando cobra importancia la posibilidad de otorgar a un ser querido de confianza un poder notarial duradero o condicional.
Un poder notarial, que suele dividirse en poder notarial financiero o poder notarial para la atención médica, es un documento firmado por un poderdante (usted) y un apoderado (la persona a la que se le otorga el poder), cuyo objetivo es permitir que el apoderado actúe en nombre del poderdante.
Un testamento vital es muy diferente de un testamento. Se trata de un documento cuyo objetivo es dejar instrucciones claras sobre el tratamiento médico en circunstancias específicas.
Una directiva anticipada suele consistir en un testamento vital, y ambos términos pueden ser intercambiables en determinados contextos. A diferencia de un testamento convencional, un testamento vital solo se refiere a tu «voluntad», es decir, a tus deseos en circunstancias específicas.
Los testamentos vitales resultan especialmente útiles en los casos en que existe la posibilidad de que una determinada enfermedad genética o terminal acabe con tu vida. En su forma más sencilla, un testamento vital tiene por objeto indicar a los médicos y a tus seres queridos si deseas que se te mantenga con soporte vital en caso de que quedes incapacitado de forma permanente a causa de una afección, una lesión o una enfermedad.
Un poder notarial significa, en esencia, que le das a alguien la facultad de tomar decisiones en tu nombre. Sin embargo, eso no significa que no le informes de nada.
Sin ningún tipo de plan de cuidados al final de la vida, tu familia se verá obligada a tomar decisiones cruciales sobre tu atención médica, desde si debes seguir conectado a los sistemas de soporte vital hasta si se te debe «reanimar» en caso de que se te pare el corazón.
Estas preguntas pueden desencadenar acaloradas discusiones, disputas y resentimiento, y provocar auténticas desavenencias entre los seres queridos. Empezarán a discutir sobre lo que tú hubieras querido o no, sin que haya forma de saber con certeza si tienen razón o no.
Si te sientas con tu familia a hablar de estos temas fundamentales mucho antes de que adquieran verdadera relevancia, podrás anticiparte a esos argumentos y rebatirlos, además de dejar claros tus deseos.
La importancia de estos documentos y medidas radica en garantizar que tu familia cuente con una guía al respecto, en caso de que te veas incapacitado y te encuentres ante una encrucijada médica. Aunque no es muy reconfortante, es mucho mejor que no tener ninguna referencia.
Son temas difíciles de abordar, pero, aunque se acerca una época de alegría y festividad, es importante recordar que también es un momento para reflexionar y dar gracias. Es el mejor momento para reunirse con los seres queridos y hablar de temas importantes, asegurándose de que nadie quede excluido de la conversación.
Aunque la decisión sobre tu atención médica te corresponde a ti, es importante que el resto de la familia sepa cómo te sientes, cuáles son tus creencias y cuáles son tus deseos. Todos queremos una muerte digna y «tranquila», pero depende de nosotros dejar las instrucciones adecuadas para cuando llegue el momento.
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