
El mayor error que comete la gente en materia de planificación patrimonial es empezar a preocuparse por estos asuntos demasiado tarde. Nunca es demasiado pronto para planificar tus finanzas, sobre todo porque nadie sabe lo que depara el futuro. Si bien la planificación financiera es la clave para conservar el patrimonio, no prepararse para gestionar tu propio patrimonio podría significar que todo por lo que has trabajado acabe en manos equivocadas o se reparta de forma desproporcionada.
No hay excusa para una mala planificación sucesoria. Sin embargo, hay muchas oportunidades para diseñar la forma ideal de gestionar tu patrimonio en caso de fallecimiento. Saber cuáles deben ser tus principales preocupaciones en materia de planificación sucesoria es un buen punto de partida para tomar las medidas adecuadas.
Sin embargo, el más misterioso de los dos es el segundo. Los impuestos pueden influir bastante en la planificación sucesoria de una persona, sobre todo si el patrimonio es considerable. La fiscalidad sucesoria debería ser su primera y más urgente preocupación. El impuesto sobre sucesiones entra en juego a la hora de transferir su patrimonio tras su fallecimiento, y se presenta en forma de impuesto sobre sucesiones y de impuesto sobre el patrimonio:
El impuesto sobre sucesiones grava a quienes heredan su patrimonio. El impuesto sobre el patrimonio se aplica a su patrimonio en caso de fallecimiento y se calcula sobre el valor bruto de este (todos sus bienes y activos a su valor de mercado, junto con cualquier participación empresarial según una valoración especial), del que se deducen determinados honorarios, gastos y deudas pendientes, para obtener el patrimonio imponible. A este patrimonio se suman las donaciones sujetas a impuestos que superen el importe de la exención anual, lo que constituye la base imponible.
El impuesto sobre sucesiones se considera uno de los ámbitos más complejos de la fiscalidad. Se recomienda encarecidamente ponerse en contacto con un asesor fiscal con experiencia en planificación sucesoria y fiscalidad de sucesiones. El impuesto sobre sucesiones puede evitarse por completo si el valor de su patrimonio es inferior a un determinado umbral. Póngase en contacto con un profesional del derecho especializado en planificación sucesoria para obtener más detalles y conocer las posibilidades de exención fiscal y de reducción de la carga tributaria.
Más allá del coste inicial que supone organizar tu patrimonio para su sucesión, hay que tener en cuenta que el mero hecho de plantearse la distribución de ese patrimonio ya conlleva un gasto. La sucesión judicial es el proceso mediante el cual un tribunal especial decide si tu testamento es válido o no. También supone una oportunidad para que se presenten reclamaciones contra tu testamento y para que estas sean evaluadas (y anuladas legalmente).
Sin embargo, la sucesión conlleva ciertos gastos. Por un lado, los honorarios de un abogado especializado en sucesiones. No es recomendable afrontar el proceso de sucesión por tu cuenta, a menos que cuentes con conocimientos jurídicos. Cualquier complicación imprevista o reclamación podría poner en peligro tu derecho a la herencia si no te has preparado adecuadamente.
La tramitación de la sucesión también lleva tiempo. La resolución judicial puede tardar entre varios meses y un año. Depende del volumen del patrimonio y de las reclamaciones que se planteen al respecto. Sin embargo, no es inevitable que el proceso de sucesión se prolongue.
Hay varias formas de planificar tu sucesión, pero las más habituales son el fideicomiso revocable en vida y el testamento. Juntos, constituyen la mayor parte de la planificación sucesoria de las personas. Cada uno tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Contar con una visión general básica de ambos es fundamental para tomar la decisión más adecuada en lo que respecta a tu propia planificación sucesoria.
Un documento en el que se detalla cómo desea distribuir sus bienes y activos. Las leyes de sucesión intestada de su estado establecen cómo se distribuirán sus activos tras su fallecimiento en caso de que no haya existido una planificación sucesoria. Un testamento es un documento que aclara con mayor detalle cómo desea distribuir sus bienes y activos.
Tu testamento puede determinar quién recibe qué, y debe firmarse en presencia de varios testigos para ayudar a acreditar su validez ante el tribunal sucesorio. Tras tu fallecimiento, el testamento debe someterse a la tramitación sucesoria y ser ejecutado por un albacea designado por el tribunal o por alguien que tú hayas elegido. Un testamento no puede regular tus planes funerarios, las pólizas de seguro de vida, las cuentas y propiedades transferibles o pagaderas al fallecimiento, ni nada que se encuentre en régimen de copropiedad o propiedad conjunta.
Se trata de un documento más complejo y versátil, que ofrece numerosas ventajas, especialmente para aquellas personas con patrimonios más cuantiosos, situaciones financieras más complejas u otras necesidades. A diferencia de un testamento, un fideicomiso en vida entra en vigor en el momento en que se firma.
Los fideicomisos en vida permiten distribuir tus bienes y propiedades en caso de incapacidad, y no solo tras tu fallecimiento, y especifican cómo se repartirán dichos bienes. Esto puede incluir una distribución gradual, si deseas que tus hijos menores de edad reciban su herencia poco a poco, en lugar de de una sola vez.
La mayoría de las personas interesadas en la planificación sucesoria optan por un fideicomiso en vida en lugar de un testamento. Quieren evitar la sucesión judicial y reducir al mínimo los costes de organizar la herencia de su familia.
Aunque un fideicomiso en vida tiene la ventaja de que entra en vigor antes de tu fallecimiento, en caso de incapacidad permanente, planificarlo implica mucho más que simplemente garantizar la seguridad de tu patrimonio.
Es importante otorgar un poder notarial duradero tanto para la atención médica como para las finanzas. De este modo, si quedara incapacitado en un futuro próximo, alguien se encargaría de tomar sus decisiones médicas y financieras. Si tiene obligaciones financieras, debe asegurarse de que alguien se ocupe de gestionar sus asuntos en su nombre. Debe hacer lo mismo en lo que respecta a la atención médica.
Un testamento vital es otra herramienta fundamental para la planificación patrimonial, ya que te permite especificar los procedimientos médicos que los médicos pueden o no pueden aplicar para intentar salvarte la vida. Un testamento vital elimina la incertidumbre a la hora de tomar decisiones médicas difíciles, como el uso de sistemas de soporte vital o la realización de cirugías de gran envergadura.
La última cuestión es cómo llevar a cabo la planificación patrimonial de forma responsable. La respuesta es sencilla: busca ayuda profesional. El trabajo de un profesional jurídico con experiencia siempre será mejor que un testamento o un fideicomiso redactados a partir de recursos limitados en Internet y de información incompleta.
Un abogado especializado en sucesiones podrá asesorarle sobre los entresijos de la legislación y las restricciones de su estado, las cuestiones fiscales y cualquier medida que se recomiende en función de sus circunstancias particulares o sus necesidades económicas.
Las cuestiones relacionadas con la planificación patrimonial pueden resultar desconcertantes. Especialmente cuando se trata de bienes en copropiedad, se tiene un hijo con necesidades especiales o se poseen diversos tipos de propiedades con diferentes formas de titularidad. Al final, recurrir a la ayuda de un profesional cualificado le permitirá ahorrar más dinero y más tiempo.
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