El nuevo plan fiscal presentado el año pasado supuso un punto de inflexión a partir de 2018, al adoptar medidas significativas para reducir el alcance y la incidencia del impuesto sobre sucesiones y introducir cambios en el impuesto sobre donaciones. La eliminación del primero y el aumento de las exenciones del segundo han sido desde hace tiempo objetivos del Partido Republicano y, aunque las promesas electorales del presidente no se han cumplido, el plan fiscal del año pasado duplicó las exenciones previstas en la ley del impuesto sobre sucesiones.
A primera vista, la razón por la que esto es tan importante es que abre la posibilidad de lograr un ahorro mucho mayor para las familias con patrimonios que oscilan entre los 5 y los 20 millones de dólares, lo que aumenta la cantidad de patrimonio que se puede legar a los hijos. Sin embargo, a veces conviene mirar con recelo un regalo.
Aunque el impuesto sobre sucesiones se ha suavizado aún más, estos nuevos cambios no son permanentes, y la mayoría de los planes sucesorios tendrán que sufrir ajustes importantes para aprovechar las nuevas modificaciones y prepararse para el eventual retorno al antiguo régimen fiscal en 2026. Este aumento de las exenciones del impuesto sobre sucesiones puede suponer un beneficio temporal para muchas familias, pero un análisis más detallado puede ayudarle a comprender por qué y cómo debe adaptar sus planes sucesorios.
El impuesto sobre el patrimonio, apodado por sus detractores como el «impuesto de sucesiones», es un impuesto que grava cualquier patrimonio que supere un determinado umbral a un tipo del 40 %. Ninguna persona viva paga este impuesto. Más bien, solo se aplica a los patrimonios. Sus orígenes se remontan a la Guerra Civil, cuando el Gobierno abordó por primera vez la idea de gravar las grandes herencias. Desde 1916, el impuesto sobre el patrimonio ha existido como parte del plan fiscal de nuestro país de una forma u otra, con pocas excepciones, incluido un único año, 2010, en el que no entró en vigor en absoluto.
Desde entonces, las exenciones del impuesto sobre sucesiones no han dejado de aumentar. En la actualidad, una persona soltera puede fallecer con un patrimonio documentado de hasta 11,2 millones de dólares sin que su sucesión tenga que pagar ni un solo céntimo en concepto de impuestos, mientras que, en el caso de un cónyuge, la exención duplica esa cifra, hasta alcanzar los 22,4 millones de dólares, si el cónyuge supérstite hace uso de la transferibilidad del impuesto sobre sucesiones para asumir la exención no utilizada por el cónyuge fallecido.
Esto significa que, para la mayoría de los estadounidenses, fallecer y dejar una herencia está exento de impuestos. Y con el nuevo impuesto sobre el patrimonio, es posible que solo unos pocos miles de personas tengan que pagarlo.
En California, el único impuesto sobre el patrimonio que se aplica a las personas físicas es el impuesto federal sobre el patrimonio, ya que California no tiene impuesto estatal sobre el patrimonio ni impuesto estatal sobre sucesiones. Sin embargo, otros estados sí lo tienen.
El impuesto sobre donaciones se aplica a las personas que realizan donaciones de dinero en determinadas circunstancias, con excepciones específicas para las donaciones destinadas a gastos médicos o educativos. Por ejemplo, puede pagar la matrícula de su nieta o la cirugía de su primo sin que ello cuente para su exención del impuesto sobre donaciones, si realiza el pago directamente a la escuela o al médico. Dar dinero a su cónyuge no cuenta como donación, siempre que sea ciudadano estadounidense. Las donaciones benéficas (realizadas a una organización benéfica real y cualificada) tampoco cuentan como donación y se rigen por normas fiscales diferentes.
A partir de 2018, puedes hacer donaciones por un valor total de 15 000 dólares por persona al año sin tener que declararlas como donaciones sujetas a impuestos. Esto significa que puedes regalar a tu hija el equivalente a 15 000 dólares en donaciones a lo largo del año, o de una sola vez, y regalar la misma cantidad a otros familiares, amigos o benefactores, sin tener que declarar impuestos por ello. Si le regala a alguien, por ejemplo, 20 000 dólares, entonces 5000 dólares son imponibles y debe declarar el regalo mediante el formulario 709.
No obstante, puedes hacer uso de tu exención fiscal por donaciones vitalicias. Se trata de una exención independiente de la exención fiscal anual por donaciones y es acumulable a tu exención del impuesto sobre sucesiones. Es decir, al hacer uso de tu exención fiscal por donaciones, esta se transfiere a tu exención del impuesto sobre sucesiones.
La exención del impuesto sobre donaciones en vida para 2018 es de 5,6 millones de dólares. Cualquier donación realizada en vida que supere ese valor total estará sujeta a impuestos. Agotar la exención en vida reduce considerablemente la exención del impuesto sobre sucesiones.
La razón por la que estos impuestos se complementan bien para quienes disponen de un patrimonio considerable es, sencillamente, que gestionar de forma inteligente el impuesto sobre donaciones y aprovechar al máximo la exención anual, al tiempo que se combina la exención vitalicia del impuesto sobre donaciones con la exención del impuesto sobre sucesiones, puede permitirle reducir los impuestos que deberá pagar su patrimonio cuando fallezca. Donar cada año una parte de su patrimonio a su familia le permite reducir el valor de su patrimonio y maximizar de manera eficaz la cantidad de dinero que puede legar antes de fallecer.
También podría reducir los impuestos que paga su familia utilizando su exención fiscal por donaciones en vida para transferir un activo generador de ingresos a un miembro más joven de la familia, con unos ingresos más bajos. Esto reduciría de hecho el importe de los impuestos que se pagan por ese activo, ya que se encuentra en un tramo impositivo más bajo, al tiempo que lo excluiría de su patrimonio, a costa de reducir su exención fiscal por donaciones en vida.
La planificación patrimonial es mucho más que redactar un testamento o crear un fideicomiso revocable y evitar la sucesión judicial mediante el nombramiento de beneficiarios. Con la ayuda de un representante legal competente y con experiencia, así como de un profesional especializado en planificación patrimonial, podrá reducir considerablemente la carga fiscal que grava su patrimonio y maximizar el valor de su esfuerzo, así como el impacto que este puede tener en su familia durante generaciones.
El nuevo plan fiscal actual es solo temporal y está previsto que se revoque a partir de 2025. Esto puede llevar a algunas personas a no introducir cambios significativos en sus planes sucesorios, sobre todo si se enfrentan a la complicación de tener que acudir a los tribunales para disolver un fideicomiso irrevocable.
No obstante, se recomienda ponerse en contacto con un asesor en planificación patrimonial y realizar los cambios necesarios, a pesar de la posible modificación de los umbrales actuales, aunque solo sea para estar preparado ante una tragedia inesperada.
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